viernes, 17 de junio de 2011

¿Qué opinas de Don Quieroserpresidente?

Andrés Manuel López Obrador, de aquí en adelante Don Quieroserpresidente, es como la aceituna del botanero que tenemos en la mesa, junto con los vasos. Todos quieren echarse a la boca el tema ¡y a nadie le resulta indiferente, A NADIE!

Es uno de los políticos mexicanos más polémicos y multicitados, se le conoce de mil modos como: AMLO por sus siglas (o MALO por su ejemplo), El Mártir de Macuspana (pueblo tabasqueño que vio nacer a éste crucifijo vivo), Don Peje, El Peje, El Pejeroloco y Pejelagarto. Sus seguidores (sí, siempre los hay, por más insospechados que parezcan) son llamados Pejefans. Yo le digo Don Quieroserpresidente.

Como decía, no deja sin opinión a nadie, puede ser tan nefasto como deleitable. Es como el América: o los odias o los quieres, pero a nadie deja indiferente. ¿Qué hace tan controvertido a este hombre? Este tabasqueño de origen priísta, ex gobernador del D.F. y candidato presidencial por el PRD, fue destrozado entonces por la campaña que inteligentemente acuñó la frase de que era “Un peligro para México”, pero fue hundido más por sus propias palabras y actitudes; se declaró Presidente Legítimo luego de haber denunciado que el triunfo de Felipe Calderón fue fraudulento, atacando a sus mismísimos representantes de casilla que fungieron como tales en las urnas. Todo un ejemplo de fascismo donde, o estás con él o contra él, porque sólo él tiene la razón.

Caricaturesco hasta la madre, actualmente, Don Quieroserpresidente se pasea por toda la República Mexicana en pose de salvador de la nación (¿debía ir en mayúsculas? No sé); viviendo quién sabe de qué, pues el señor no trabaja auténticamente en nada; cada vez menos presenciado en sus mítines, o presenciado por morbo, imposible de no ver, como una botarga del Dr. Simi; poniendo y quitando políticos que gracias a él se ponen de moda, como aquel patético Juanito que representa nuestra más baja autoestima nacional; instaurando rupturas y movimientos, como la famosa “Morena” que ha servido más como albur que como movimiento; y es lo más seguro: contenderá a la presidencia del 2012 ¡¡otra vez!! Casi seguro, por el PT, ya que el PRD estaría vaticinando por completo su derrota si ellos osan ponerlo de candidato.

A mí particularmente, Don Quieroserpresidente, me da inspiración; se me antoja como un perfecto personaje de novela, parece salido de la pluma de García Márquez, es tan pero tan patético que me despierta cierta ternura; lo veo dando de patadas, emberrinchado, a una caja de pólvora donde está sentado; lo veo buscando la mayor gloria con la muerte o la cárcel, temeroso del olvido. No soy de los que lo atacan con dureza, sino que lo contempla con cierto cariño, como pieza inmortal del museo político nacional; le doy palmadas en el hombro porque nunca será presidente, y él llora porque todo el universo se confabuló contra él, y eso a mí me despierta cierta simpatía con el derrotado terco, con el histérico enfermo de poder. En lo dicho, si escribo una novela de política, Don Quieroserpresidente me daría los mejores dramas.

¿Y ujtedej? Llévenje ejta rica aceituna a la boca! 

“Nada envanece tanto como el haber pecado”

Ésta frase es de Óscar Wilde, el ícono gay más famoso de todos los tiempos, pero también uno de los autores más citados por sus aforismos (esas frases, como ésta usada, que resultan ser auténticos balazos del pensamiento: violentos y certeros).

Venga esta frase para este tema, que es que, cuando platicamos algo siempre sale alguien que ha vivido más que tú, alguien que le ha pasado eso mismo pero multiplicado por mil, son personas que frecuentemente tienen vivencias más EXTREMAS!

Ejemplos: dos. Uno: me quejo de una dolencia en la espalda y hasta me promuevo como muestrario para un masajista, pero mi madre dice que “¡Eso no es nada! Tú no sabes lo que es te duela esto y esto otro”. Dos: digo que no tengo dinero porque una financiera me ha sacado hasta las muelas, que debo toda mi quincena, y un hermana dice “Pero si tu vives entre las nubes, ¿deudas?, deudas las que tengo yo, yo no me quejo”. Y cuando te dicen esas cosas, la respuesta es que uno se quede callado y hasta se sienta modesto en su sufrimiento, que uno baje la mirada y piense “Bueno, yo nomás decía!”

Esta plática sería perfecta para sacar recuerdos ingratos, pero paradójicamente presumibles, de esa colección privada de nuestra Egoteca. Platiquemos, ¿y qué es eso malo que parece insuperable? Una vez no dormí en 2 días luego de una farra que agarre ¡solo! Fue un guaca-tour por las zonas más bajas de mi pueblo, y no léase baja porque estaban en un hoyo, sino por la inmoralidad indemne de esas pajarillas a las que cantaba Napoleón y la horda de barbajanes que merodean esos negocios. El guaca-tour incluía prostis maduras de sonrisas falsas y ricachones de bigote blanco, pero no de canas sino de ciertos polvos. Claro, no ha de faltar quien presuma que él pasó ¡una semana de parranda! …Y luego gasté mi último cheque de un trabajo temporal en otro de esos guaca-tours, puro dinero auténticamente desperdiciado y que hasta la fecha me duele en los bolsillos. Y claro, no ha de faltar quien diga que se gastó nomás unos 10 mil en un mariachi contratado para el patio de la casa.

No, si cuando nos lo proponemos, podemos ser más melenudos que Sanzón y más desvergonzados que Adán antes de la hoja de parra (remember: el primer bikini naturista de la historia). Puedes hacer el experimento y contarle a tus cuates tu despilfarro, golpe o canallada más fuerte, y darles piola para concluirles con la sabia frase de Wilde: ¿Verdad que… “Nada envanece tanto como el haber pecado”?

¿Porqué yo soy yo?

¿Te has preguntado algo tan elemental como: Porqué yo soy yo? ¿Porqué me llamo así, fue homenaje o venganza; porqué nací hombre, mujer o Pablito Ruiz; porqué soy un moreno irremediable o una rubia que siempre quiere andar bronceada; porqué soy mexicano y no inglés, o porqué nací en Kamchatka y no en Maputo; porqué tengo que soportarme todos los días, o estoy tan cargado de virtudes que tengo que compartirlas por justicia divina?

Bueno. Yo creo que yo soy yo, una pieza media compleja que aún no encaja en ciertas categorías (o que me han corrido de ellas), por varias cosas: nombre por venganza, de ojos color brandy (con coca cola) por herencia, gordo por sedentario, hipocondriaco por entretenimiento (en lo que encuentro qué hacer con mi vida, como que la enfermedad me mantiene ocupado), escritor por deseo más que por talento, ateo por conclusión y quizás una mujer puta en la otra vida.

Uno es y es irrepetible (gulp!), y aunque en la adolescencia se presentan los primeros cuestionamientos, llegadas un par de décadas en que se vislumbra cierto recorrido, empieza uno a cuestionarse otra vez ¡cómo chingados le hizo para ser lo que se hizo! Tanto para bien como para mal. Sea que estés viéndote en una portada de revista o en la orilla de lo que quedó de tu casa recién quemada. Uno se lo pregunta.

Claro, pesa la genética y la educación elemental de la casa, la escuela y la calle; se conjuga con los ambientes en que se desarrolla uno, esos lugares o personitas que te rodearon; nos componen cosas que olvidamos, sea porque las enterró el tiempo (aquellos primeros libros) o porque los intentamos mandar al sótano de la conciencia (aquella escena de sexo que ya de adultos pensamos “¡pero si aquello fue de antología!”); nos dan forma los éxitos y el ego, la ambición y los deseos, lo mismo que los malos hábitos, la imagen que queríamos de nosotros mismos o las casualidades, accidentes, la suerte o esa prisa con que nos alcanza el destino. El carácter, el ánimo, la predisposición. ¡Son tantas cosas!

¿Tú te has preguntado porque eres lo que eres, y qué eres? Pregúntale al fulano que tengas enfrente porqué él es él. Sería una buena plática, aunque hay que advertirte que tu entrevistado, probablemente, te pedirá una doble ración de ese vaso que estás bebiendo.